Vela (iii)

05May08

Les Dormeurs - Calle

Velo otra vez, y me sorprendo de ver el título porque parece, primero, que sólo he Velado tres veces en tres años que llevo escribiendo aquí; y segundo, mentira que sólo haya escrito tres veces (con esta) sobre la Vela, teniendo en cuenta el histórico interminable que tengo en mi haber.

Velo, como siempre (la vela es lo que tiene), pero cómodamente esta vez. Velo esta noche de una forma un poco indolente, porque sé que no me hace falta de verdad dormir, porque sé que esta vez estoy descansada, aunque me enfadaré seguro mañana por la mañana cuando suene el despertador -invariable- a las 7.35 de la mañana.

Velo y pienso en algunas cosas: lo primero, lo segundo y lo tercero que tengo que hacer mañana según llegue a la oficina; la lista de la compra que debería hacer -mañana sin falta- en el súper; el estante que sin ningún género de dudas a estas alturas tengo que comprar para el salón (y también en que tendré que encontrar alguna alma caritativa que me deje un taladro y que me ayude a colocarlo…); pienso en el cuento que tengo en la cabeza desde hace unas tres semanas y que no termina de atreverse a salir; pienso en que igual ya es el momento de sacar las sandalias de la caja en la que llevan metidas todo el invierno, en que los antibióticos le sientan fatal a mi piel, en que el puente de mayo ha sido tan corto que casi no me he enterado, y así sucesivamente hasta pensar en absolutamente todo lo que me ha rodeado durante los últimos días y lo hará -según mis previsiones- durante el día de mañana, sumado supongo y espero a otras muchas comeduras de tarro que adivino bastante transitorias.

Lo que me flipa de todo esto es cómo la mente humana tiene la capacidad para relacionar, elaborar, gestionar, digerir y, en muchas ocasiones, desechar, tantísimos pensamientos casi a la vez sin congestionarse, y es más, haciendo, por ejemplo, algo tan supuestamente plácido y relajante como coger el sueño. Pero lo que es todavía más increíble y, sobre todo, incomprensible, es cómo hay otras ocasiones en las que sólo un pensamiento nos puede ocupar la mente durante horas, días, incluso años, hasta el punto de conseguir gripar todo ese dispositivo que me permite ahora estar en vela y a la vez escribiendo esto, y que se llama mente.

Lástima no disponer de ese fantástico mecanismo de los afortunados delfines.

Una vez alguien me explicó lo que era una efervescencia. Desde aquel momento, la palabra me persigue allá donde voy, todavía más que las prodigiosas suspensiones coloidales. Cuando veo la tele, en la cama, cuando camino al trabajo, cuando cocino. Cuánto preferiría haber ignorado esta fascinación desde el principio. Menos mal que, de momento, los coloides me dejan dormir.

Mi Contraportada, que cada día que pasa lo es más, cumple tres años. Y parece que fue ayer!

Parabéns…

(Así empezábamos, en otro lugar y con circunstancias muy distintas…)



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