
Llegué a casa con los zapatos y los pies llenos de barro. Porque siempre olvido que cuando llueve hay que ponerse botas y tener cuidado de no arrastrar los pasos al andar. Tampoco había recordado el paraguas, así que tenía el pelo sucio y todavía un poco mojado. Encendí el ordenador y escribí tu nombre varias veces para comprobar si así conseguía quitármelo de la cabeza. Y por mucho que intenté corregirlo, escribirlo bien, siempre tenía faltas de ortografía. Así que me saqué los zapatos y los pantalones húmedos y me metí en la cama. Olvidé cerrar el Word y apagar el ordenador, pero eso era todavía menos importante que todo el asunto de las botas, el paraguas, y los errores en tu nombre.
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Lo bueno de escribir con faltas de ortografía es que entonces las palabras van perdiendo sentido. Cortázar ponía H al principio de muchas de ellas cuando quería decir que precisamente no decían ná de ná. Sigue escribiendo así su nombre, terminará por ser como los pedazitos de barro secos que se caen de las botas cuando entras a casa, sí, esos que terminas barriendo…
Hubo una época en que tuve que limpiar el barro de mis botas, y cuando pensaba que estaba todo seco, volvía a salpicarme otra vez.
Solo pude quitarlo de encima pisando otros caminos, con un barro mas limpio, mas suave, que casi invitaba a sumergirte en el.
En el bosque hay muchos caminos, escoge otro diferente.
Odio, odio, odio el word, el fucking asistente ése y todo lo relacionado con el office. Y, sin embargo, no puedo dejar de utilizarlo. ¿Microsoft ha querido hacer con ello una metáfora del amor? :-P
Perdón por la frivolité, pero la informática sólo me inspira cosas así :-)
Mil besos
pues yo estoy de acuerdo odio a word
Pues resulta que hoy estoy cambiando de ordenador y por ende de sistema operativo y por ende de procesador de textos… cuando he leído tu última entrada. Llevo todo el día descubriendo un universo de presunta innovación, de presuntas ventajas, de presuntas facilidades y de presntos recursos y no hago más que añorar mi viejo portátil de hace ocho años donde todo estaba justo dónde debía estar.
Si formas un puzzle con los pedacitos de barro seco, de los millones de combinaciones posibles, sólo una formará con exactitud y letra de caligrafía su nombre real para poder olvidarlo.
… arabién…
ten cuidado porque sólo tú conoces esa combinación,
ten cuidado porque sólo tú sabes si quieres realmente olvidar ese nombre.
Piensalo sólo un poco, y si dudas, es que no deberías forzar el olvido con el conjuro mágico.
Dedicate mejor a jugar al scrabble en un charco, con chubasquero y botas de goma, y que el tiempo decida lo que necesitas olvidar.